miércoles, 10 de enero de 2018

40 DÍAS DE AYUNO Y ORACIÓN POR ESPAÑA 2018



40 DÍAS DE AYUNO Y ORACIÓN
DOMINGO 7 ENERO – JUEVES 15 FEBRERO 2018
2018: AÑO DE AVIVAMIENTO PARA ESPAÑA

Ayuna una comida al día. Imprime la Hoja para cada semana, y ora cada día.
Ora tú, con tu casa, compañero/a de oración y/o iglesia

Semana 2: domingo 14 – sábado 20 enero 2018

¿SOBRE QUIÉN ESTÁS VELANDO Y ORANDO?
 “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” (1 Pedro 5:8)

DOM. 14 enero Cristiano, ¿estás velando por tu alma? Más de 300 veces se menciona en las Escrituras la obra del vigía; se menciona más el ministerio de vigía que el de la oración. El Apóstol Pablo instruía a su hijo, el pastor Timoteo, diciendo: “Vela por ti mismo y por la enseñanza, persevera en estas disposiciones, pues obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen” (1 Tim.4:16 BJ). OREMOS: Amante Padre celestial, hacemos nuestra la exhortación de Hebreos 2: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia (de Israel) recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Me dispongo, en primer lugar, a cuidar de mi salvación. Renuevo mi compromiso de buscar tu rostro cada día en mi devocional personal de oración y lectura de tu Palabra, a lo largo de este año. (Ora Mateo 6:5-15.)

LUN. 15 Padre, ¿estás velando por tu familia? El creyente debe velar por su propia alma.  Los padres deben velar por su familia.  Los ancianos deben ser vigías de su ciudad.  Los profetas son atalayas sobre naciones. No puedo pretender tener un ministerio público, si estoy descuidando a los de mi propia casa. ¿Cómo está el altar familiar en tu hogar? ¿Estás orando diariamente con tu esposa/o? ¿Tomas las decisiones importantes consultando a Dios y en unanimidad con tu esposa/o? ¿Oráis regularmente con vuestros hijos? Si estás fallando en brindar protección espiritual a los tuyos, arrepiéntete delante de Dios y ponte de acuerdo con ellos para comenzar de nuevo juntos. Leed diariamente un Salmo, y orad juntos.

MAR. 16 Pastor, ¿estás velando por tu rebaño? Jesús, orando al Padre por sus discípulos, en Juan 17, clamaba: “He velado por ellos  y ninguno se ha perdido, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese”. ¿Sigues el ejemplo de Jesús; oras y ayunas regularmente por tus discípulos? ¿Buscas a Dios antes de darles un consejo que afectará su vida, familia, su destino eterno? ¿Pasas tiempo delante de Dios para recibir la palabra para alimentar a tu rebaño? Reclama la promesa para los que esperan en Dios en Isaías 40:29-31, para que puedas cumplir con tu ministerio con nuevas fuerzas. (Medita y ora Juan 21.)

MIÉ. 17 Profeta, ¿estás velando por tu ciudad y país? ¿Estás buscando el rostro de Dios con ayunos y oraciones, para entender los tiempos que vivimos? El Enemigo intentará ponernos a dormir en momentos estratégicos.  Uno de estos momentos críticos para Jesús y para los discípulos, fue la agonía del Huerto de Getsemaní: “Jesús vino luego y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ‘Simón, ¿duermes?  ¿No has podido velar una hora? Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”’ (Mc.14). Anima a tu iglesia a velar y orar con ORACIÓN 365 en 2018. Pregúntanos cómo hacerlo.

JUE. 18 El vigía advierte al malvado por su pecado. “Hijo de hombre, yo te hago centinela de la casa de Israel.  Cuando oigas una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.  Si yo digo al malvado: ‘Malvado, vas a morir sin remedio’, y tú no le hablas para advertir al malvado que deje su conducta, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti” (Ezequiel 33). Pide que Dios levante a sus vigías en España, para denunciar el pecado de su pueblo. ¿Eres tú uno de ellos? Pregúntaselo a Dios.

VIE. 19 El vigía derrama su corazón delante del Señor por los más vulnerables: “¡Levántate, da voces en la noche al comenzar las vigilias!  Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; alza a él tus manos implorando la vida de tus niñitos, que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles” (Lam.2:19). Vigilar es una relación entre Dios y el intercesor; éste siente el dolor de su prójimo y también el dolor del corazón de su Dios, y lo expresa derramando su corazón ante Dios a favor de los que sufren. Si quieres unirte a Despierta Débora, un ejército de madres que oran por sus hijos, pídenos información. Si tus entrañas se conmueven por el holocausto de no nacidos en España, pídenos información sobre cómo orar y luchar a su favor.


SÁB. 20 El vigía sabe esperar en Dios: “Nunca nadie oyó, nunca oídos percibieron ni ojo vio a un Dios, sino a ti, que tal hiciese para el que espera en él” (Is.64).  Revelaciones que ojo no ha visto, ni oído ha oído, ni ningún corazón humano ha imaginado, son las que esperan al que sabe esperar en Dios. Debes afirmar y consolidar los buenos hábitos que has logrado con este ayuno. La oración individual y corporativa será una gran explosión que sacudirá a toda España. Debes concentrar tus esfuerzos en mantener una disciplina personal diaria de oración y lectura de la Biblia. Aparta tiempos para ayunar y buscar a Dios. Concéntrate en guardar los buenos hábitos de alimentación, ejercicio físico y descanso. Procura guardar un día semanal de reposo. Fortalece el altar familiar; comparte con ellos lo que has aprendido. ¿Amén?


Semana 3: domingo 21 – sábado 27 enero 2018

Ayuna una comida al día. Imprime la Hoja para cada semana, y ora cada día.
Ora tú, con tu casa, compañero/a de oración y/o iglesia

HAZ ESTA ORACIÓN DIARIA DE PROTECCIÓN Y VICTORIA I

DOM. 21 enero Día para recapitular y alabar: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.” (Ef. 6:18). ¡Alabamos a Dios porque has orado y velado con toda perseverancia las primeras dos semanas de los 40 Días! El ayuno refuerza la oración y te ayuda a mantenerte alerta, despierto y velando. Has recibido un mayor entendimiento de cuál es tu llamado y estás asumiendo y poniendo en práctica tu rol de vigía como creyente, padre/madre, pastor o profeta. Antes de entrar en los temas de las semanas tres y cuatro, ¿por qué no haces un receso y empleas este día para reflexionar en lo que Dios te ha enseñado hasta aquí? Anótalo en tu diario personal.

LUN. 22 ¿Qué debes procurar en estos 40 Días? “El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración” (1 P. 4:7). Si no velamos, oramos y somos sobrios, podríamos sufrir una gran pérdida espiritual durante los difíciles días que se avecinan, y corremos el peligro de ser devorados por el diablo (1 P. 5:8). Aprovecha este ayuno para adquirir ciertos hábitos que perduren más allá de los 40 Días.  Cambia tu estilo de vida. ¿Te está hablando Dios de ser sobrio ejerciendo dominio propio en tu manera de comer y beber? ¿Qué hay sobre el descanso y el ejercicio físico? ¿Te llama Dios a emplear mejor tu tiempo, talentos, dinero? ¿Qué cambios debes introducir en tu vida devocional y el altar familiar, para hacer de estos una experiencia enriquecedora de madurez y servicio para el Reino de Dios? Clama a Dios por un avivamiento y refrigerio para tu espíritu, alma y cuerpo.

MAR. 23 La Oración de protección y victoria, que oraremos cada uno de los días de esta semana y la siguiente, te puede ayudar a alcanzar los propósitos de Dios para tu vida, familia y ministerio como vigía.  Personaliza esta oración, medita en los pasajes bíblicos, lee en voz alta la oración correspondiente a cada día. Imprime las dos semanas completas y declara toda la oración en voz alta diariamente por lo menos durante un mes. Si te ayuda, sigue usándola. Esta oración te moverá de una posición defensiva a una posición ofensiva, al tiempo que te protege de los peligros que conlleva toda batalla espiritual. (En este día medita y ora Efesios 6:10-20).

MIÉ. 24 Pasos de preparación: 1- Pasa unos minutos orando en el Espíritu (1 Cor.14:4,15; Ef .6:18; Jud. 20). 2- Entra conscientemente en la presencia del Señor, por medio de la alabanza y la acción de gracias (Sal. 68; 95; 100; Is.12; 61:10; Ap. 5). ¡Canta, danza, póstrate delante del Señor de toda la tierra! 3- Confiesa cualquier pecado no confesado (Sal. 24:3-4; Pr. 28:13). 4- Perdona y pide perdón, siempre que haga falta (Mt. 5:23-24; 6:12). (Expón a la luz de quien te pueda ayudar, cualquier área de tentación y pecado.)

JUE. 25 No en tus fuerzas o autoridad, sino en las de tu Señor: 5- Haz una oración para echar toda tu ansiedad y cargas sobre el Señor; recuerda que no peleas tus batallas en tus propias fuerzas, sino en las fuerzas del Señor (Sal. 55:22; 1 P.5:6-7; Zac. 4:6; Ef. 6:18). 6- Adopta una actitud combativa, declarando que oras desde la posición que se te ha concedido en los lugares celestiales en Cristo. Proclama en oración que él ha sido exaltado sobre todo principado y potestad, y es cabeza de la Iglesia, de la cual tú eres parte. En fe y oración declara que usas la autoridad que se te ha dado sobre el enemigo (Ef.1:20-21; 2:6; Col.1:16-18; Lc.10:19).

VIE. 26 Lee en voz alta esta ORACIÓN DE PROTECCIÓN Y VICTORIA: Vengo en el nombre que es sobre todo nombre; ante quien toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra se ha de doblar, y a quien toda lengua ha de confesar como Señor; en el nombre del Cristo resucitado (Fil.2:10,11). Declaro que, en esta batalla, no prosperará contra mí ninguna arma en el campo espiritual, físico, emocional, económico, o en mi ministerio y relaciones (1S.17:47; Is.54:17; Jer.51:20; Jn.14:30; 2Cor.7:5; Ef.4:27).
           
SÁB. 27 Me revisto de todas las armas de la luz y de Dios (Ro.13:12; Ef.6:13-17): Ciño mis lomos con la verdad (Sal.51:6); tomo la coraza de la justicia (2Cor.6:7); calzo mis pies con el celo por la propagación del evangelio de la paz (Is.52;7); levanto el escudo de la fe para apagar todo dardo inflamado del Malvado (He.10:38; 11:1,6); pongo en mi cabeza el yelmo de la salvación (1Ts.5:8; Is.59:17); desenvaino la espada del Espíritu, la Palabra de Dios (Ef.6:17; Ap.1:16). Me revisto del Señor Jesucristo (Ro.13:14).



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